Declaración de principios


Desde la Comisión Chilena Pro-Derechos Juveniles entendemos los Derechos Humanos como una construcción social y subjetiva con características políticas no esenciales, pero que en ellas identificamos determinados principios que deben guiar la convivencia de una sociedad, que se encuentran desarrolladas mayoritariamente en:

  • La Declaración Universal de los Derechos Humanos;
  • El Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos;
  • El Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales;
  • La Convención de Derechos del Niño;

Y en general, en todos los instrumentos jurídicos internacionales sobre Derechos Humanos -sean tratados internacionales, resoluciones y demás acuerdos complementarios- de las Naciones Unidas y otros organismos internacionales, especialmente aquellos que el Estado chileno es miembro o parte.

Consecuentemente con lo anterior, consideramos que los Derechos Humanos se ejercen en la práctica cotidiana y en ningún caso deben ser entendidos como meras abstracciones. Este ejercicio conlleva a diversas interpretaciones, donde nos posicionamos de manera crítica, reivindicando y defendiendo:

  1. La dignidad humana como la condición y expresión de la vida desarrollada con integridad y felicidad, para lo que resulta esencial la protección y ejercicio de las libertades, especialmente la libertad de expresión, ya sea política, cultural o sexual, en un contexto de respeto y no discriminación; y asimismo la protección de las igualdades, transitando desde la formalidad del mero papel a la materialización efectiva de una igualdad real.
  2. La organización y participación social, en el marco del ejercicio de la soberanía popular y de la necesaria construcción colectiva de nuestras realidades en un contexto de democracia y laicismo, dejando de ceder en manos de unos pocos los destinos de los pueblos del mundo;
  3. El derecho a conocer y evaluar el comportamiento de los Estados y sus agentes, cuestionando la interferencia hegemónica de las instituciones normativas por sobre el imperio del Derecho y la soberanía popular, ya que reconocemos que así como los Estados, también las familias y las instituciones supranacionales (como las iglesias y grandes corporaciones) tienen una responsabilidad fundamental en el respeto al ejercicio de los derechos de todas las personas;
  4. La evaluación crítica a la realidad de los Derechos Humanos en el mundo contemporáneo, donde intereses económicos o particulares de cualquier tipo se imponen a la defensa efectiva de estos;
  5. La subjetividad común de los distintos pueblos del mundo y su derecho a la autodeterminación;
  6. La rebeldía y la protesta social como herramientas de rechazo a las prácticas que restringen, limitan y vulneran el ejercicio de los Derechos Humanos; y
  7. La construcción colectiva de las memorias respecto de nuestra historia como pueblos, en particular de América Latina, reconociendo que tenemos un pasado común de violencia, tortura y supresión de la dignidad humana. Las memorias de los pueblos son vitales para materializar las más altas aspiraciones humanas y para hacer realidad el “nunca más”.

Es por todo lo anterior que nos negamos a comprender a los niños, adolescentes y jóvenes como tábulas rasas; los concebimos como sujetos y actores constructores de una realidad en la que los Derechos Humanos son la base para alcanzar una sociedad más justa, libre, democrática y respetuosa de la diversidad.